Grigory Sokolov, Piano / 06.02.2009 / Koelner Philharmonie

Sokolov en Paris

Existen contadas excepciones en la historia de la música en las que un intérprete es capaz de combinar una técnica superlativa con un innegable buen gusto interpretativo. El mundo del piano no es una excepción, la tendencia actual tiende a ensalzar jóvenes talentos provistos de una técnica excelsa que utilizan como fin, para encandilar al auditorio y no como medio para conseguir el resultado musical deseado; por otro lado, encontramos otra tendencia movida por el deseo de ofrecer una interpretación atractiva y novedosa que dote de frescura al repertorio escogido (tan sumamente llevado al estudio de grabación) y opta por versiones demasiado extravagantes e inapropiadas que caen en uno de los principales errores de la actualidad: el amaneramiento. Con el amaneramiento se desvirtúan totalmente las intenciones del compositor y las convenciones estilísticas en los que se encuadra la obra.


Grigory Sokolov, del cual tuvimos tiempo de hablar en el anterior numero de esta revista, es una de esas escasas excepciones en las que una portentosa técnica como jamás haya podido poseer otro pianista se combina con una imaginación y buen gusto interpretativo desbordantes que provoca en el oyente la sensación de estar escuchando por primera vez esa obra, descubriendo matices y efectos sonoros no percibidos en otras versiones y logrando que la música que interpreta transcienda las limitaciones físicas del instrumento para trasladar al oyente a un universo sonoro extraordinario.

Podríamos vertir chorros de tinta elogiando todas las genialidades de las que es capaz este pianista irrepetible, así como anécdotas a lo largo de su carrera que no son sino un vivo ejemplo de su prodigioso talento; no obstante, y para no extenderme en exceso, me gustaría comentar el DVD aquí propuesto: Grigory Sokolov “Live in Paris”.

Este documento audiovisual constituye un verdadero tesoro para todo melómano que se precie, por dos motivos: Sokolov, como ya en su día ocurriera con músicos como Richter, Celibidache, o Scherchen, siempre ha mostrado su rechazo a ser filmado o grabado, por lo cual su discografía podría contarse con los dedos de una sola mano; por otro lado, el responsable de la filmación es nada menos que Bruno Monsaingeon, músico y eminente director francés que ha sido galardonado en varias ocasiones por documentales como el que dedicó a Richter (“The Enigma”), a Glenn Gould (“The Alchelmist” y “Goldberg Variations”), y otros músicos como Piotr Anderszewski o Yehudi Menuhin.

El programa recogido en este DVD es el que presentó Sokolov durante la segunda mitad del 2002 por las principales salas europeas; en este caso, se trata del recital que ofreció en el Théâtre des Champs-Elysées el 4 de Noviembre del 2002.

Sokolov aborda una primera parte dedicada íntegramente a Beethoven y compuesta por tres de sus sonatas: nº 9 op.14/1, nº 10 op.14/2 y nº 15 op.28 “Pastoral”. El pianista enlaza los movimientos de las sonatas sin interrupción prácticamente, así como entre sonata y sonata. Es de destacar sus increíbles legati más propios de la voz o de instrumentos de cuerda frotada que de un instrumento percusivo como es el piano, así como de la pureza de los acordes que emplea de manera sutil en las secciones modulantes, el empleo refinado del pedal, la maravillosa claridad de la sonata como forma y, sobre todo, su ilimitable paleta sonora, capaz de la sonoridad más desbordante hasta el pianissimi más delicado y hermoso, de esos que cortan la respiración (especial atención al segundo movimiento de “La Pastoral”).

En la segunda parte, Sokolov nos deleita con obras encuadradas en el Siglo XX, las Seis Danzas del compositor armenio Komitas en las que predomina una sonoridad oriental llena de una gran diversidad de matices y ataques, a veces, percusivos que evocan al mejor Bartók y que sirven de estupendo preámbulo para la siguiente pieza interpretada, la Sonata para piano nº 7 de Sergei Prokofiev. En ella, Sokolov realiza una exhibición de control de la pulsación, ahora más gobernada por la participación del brazo y de la muñeca y un absoluto dominio del ritmo sin perderle nunca la cara al lirismo.

La gran ovación del público es respondida por el Maestro por cinco propinas que van desde Couperin hasta Chopin, pasando por la hermosa transcripción que hiciera Alexander Siloti del Preludio en si menor de Johann Sebastian Bach.

Para despedir esta reseña discográfica, no puedo resistirme a evocar el comentario que vertiera el escritor Antonio Muñoz Molina sobre un recital de Sokolov en Madrid el pasado año: “…a un músico grande no sólo se le reconoce por la calidad de su sonido: a los mejores los distingue además la calidad única del silencio sobrecogido y atento que parece irradiar de ellos mientras tocan, que se mantiene intacto en las pausas entre las partes de una obra y dura todavía unos segundos preciosos después del Final, antes de que rompan los aplausos. Muy pocas veces se tiene ocasión de escuchar un silencio como el que se percibía esa noche, tan puro, tan hondo, que incluso parecía que por un milagro súbito de la salud pública se habían curado todos los catarros cavernosos que aquejan inveteradamente a una parte del público, y que incluso las alarmas insidiosas de los relojes y de los teléfonos móviles habían enmudecido con sigilo unánime.”

                                                                                                                        José Ballester Martínez

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Categories: José Ballester Martínez, Reseñas DVD, Revista La Tecla 88 número 2

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