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Martín Llade Entrevista

 

Pasión mañanera radiofónica: Sinfonía de la Mañana. Entrevista a su presentador, Martín Llade, ganador del Premio Ondas 2016.

Es fácil y  a la vez difícil presentar a Martín. Decimos que es fácil porque se trata del presentador del programa que Radio Clásica emite entre las 8 y las 9. 30 de la mañana en la que los oyentes participan de forma activa a través de las redes sociales. Quizá es difícil definirlo por lo que más le apasiona  pero por encima de todo, se trata de  un gran comunicador. Una persona accesible: la temporada pasada parte de los oyentes de su programa pudimos compartir con él una comida y parte de la  tarde.  Os dejamos parte de la charla que tuvimos  hace unos días, la cual él pudo compaginar intercalándola con sus recientes labores paternales.

Natalia. ¿Cuál es tu formación?

Martín. En lo profesional soy periodista.  De niño fui miembro fundador de la Escolanía del Coro Easo  de San Sebastián.  Años después pertenecí al Coro Easo que actualmente sigue su andadura.

N. ¿Ha habido otras pasiones antes de la música o las abordaste de forma conjunta?

M. Demasiadas, a mí me gusta mucho el cine, las bellas artes, la arqueología, filosofía, cultura grecolatina, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, la escultura precolombina, el Antiguo Egipto. Mi principal pasión es la música pero mi vocación es la literatura. Escribir ha sido mi vocación desde que tengo uso de razón. Y me gustaría poder ser escritor a tiempo completo, aunque sé que es difícil.

N. ¿Has trabajado en otros medios de prensa?

M. Estuve dos años de colaborador en una sección cinematográfica llamada Lo que faltaba. Era un programa de la televisión vasca, ETB2, que tenía un gran éxito de audiencia, estuvo 7 años en antena y era un programa rosa pero tenía una parte cinematográfica. También he colaborado en el País Vasco en periódicos y emisoras locales de radio y televisión. Y luego en la revista Melómano, donde era el coordinador de redacción, entre otras cosas.

N. ¿Qué tipo de música dentro de la clásica te apasiona más en este momento?

M. La ópera me vuelve loco, sobre todo Giacomo Puccini, también las óperas de Mozart y Verdi; me encantan las óperas de Gluck pero Puccini será siempre el autor con el que más siento en general. Es el que más sabe pulsar en mí ciertas teclas, aunque mi introductor en la música clásica fuera Prokofiev.

N. ¿Cómo fue tu llegada a Radio Clásica?

M. Yo trabajaba en la revista Melómano y a través de ella conocí a mucha gente del mundo de la música clásica. Conocí a José Adolfo Vayá, director por entonces de los conciertos de la 2 de TVE. Él le habló de mí a José Manuel Berea que dirigía por entonces Radio Clásica. En aquellos momento se produjo el famoso expediente de regulación de empleo en el cual se prejubiló a todos los mayores de 52 años. Como consecuencia, Radio Clásica quedó casi vacía entonces llamaron a personas jóvenes para que hiciéramos esa transición. Con el tiempo, lo transitorio  se convirtió en algo permanente.

N. ¿Cómo surgió la idea de hacer los programas Todas las mañanas del mundo y Sinfonía de la mañana?

M. Cuando me proponen hacer Todas… me pidieron que hiciera algo en la filosofía de lo que se escuchaba en Radio Clásica  por las mañanas: músicas variadas durante una hora y media dentro del repertorio de música antigua y barroca mayoritariamente y algo de clasicismo. En  Todas… empecé con una sección de efemérides que duraba media hora de programa aproximadamente. Eso llevó a que algunas personas me decían: “oye, hoy no has hablado de tal o de cual acontecimiento”  Al final los correos electrónicos indicaban que la gente quería que las efemérides abarcaran el programa  entero y así fue como se convirtió en eso. Ese programa estuvo cuatro años en antena.

Cuando llega la nueva dirección de Radio Clásica lo que se  propone es que la mañana sea un bloque más compacto y que  el programa que iba a presentar  yo en un mismo tramo, tuviera un enfoque similar pero que también que tuviera su propia personalidad. Y es ahí que se me sugiere que cada día comience con una reflexión personal, una suerte de editorial. Y eso es lo que hice en los primeros programas. Lo que sucede es que a mí hacer una reflexión acordada previamente nunca me gustó. Me siento forzado porque creo que corres el riesgo de sobredimensionar el tema del que hables. Motivo por el cual un día se me ocurrió contar una historia de un pastor que tocaba Haendel en su flauta y que no sabía quién había compuesto esa melodía. Otro día  me propuse hablar sobre Schubert que pasa delante de un café y ve a Beethoven y no se atreve a saludarlo, una anécdota histórica. De esta forma me di cuenta que había llegado al relato. Sin querer  había empezado a hacer algo que a la gente le interesaba lo suficiente como para darse a conocer a través de las redes. En los cuatro años que estuve en Todas…  recibí bastante correos. A partir del relato en Sinfonía… en un día recibía tantos correos como recibía en un mes en Todas…

N. ¿Cómo te sientes al final de construir cada relato?

M. Hay días que acabo más contento que otro, ya van 300 escritos. Muchas veces no soy consciente de la magnitud que ha tenido porque desde que lo termino hasta que llega a antena el tiempo es escaso. Solamente cuando estoy leyéndolo, con la música que escojo y que sabiamente el técnico de sonido Manuel Téllez decide colocar en los puntos estratégicos por deducción, me doy cuenta de la magnitud que puede tener, de la forma en que quizás haya sintonizado para mí  el relato con  la obra y el autor del  que se está hablando. Lo bonito para mí es adecuar la cadencia del discurso narrativo a la música. Cuando escribí el relato sobre Joaquín Rodrigo y el Concierto de Aranjuez  hice mención a que el compositor escribió el concierto porque su mujer Victoria Kamhi había estado  embarazada, perdió  el niño y estaba a punto de morir. Él rezó para que ella se salvara y se salvó. Durante el relato, en  el momento en el cual el médico le dice a Rodrigo que su mujer está fuera de peligro,  Téllez puso el fragmento de esplendor del  Concierto, del Adagio. Si bien fue un momento electrizante,  tengo claro que mi cometido en todo esto es hacer algo que no entorpezca la música y que a algunas personas pueda servirle de pequeña guía para conocer el autor.

N. ¿Piensas que tu programa es continuador de la línea de Clásicos Populares con Fernando Argenta, o A contraluz de José Luis Téllez?

M. Fernando Argenta y José Luis Téllez son dos maestros insuperables cada uno en su estilo y nadie podrá jamás llegar al nivel que ellos alcanzaron. Cuando alguien sugiere esa comparación aunque yo la crea inmerecida, a nadie le amarga un dulce y me siento halagado pero no creo estar a la altura de lo que ellos hicieron. Por otro lado también son programas distintos. Sinfonía… es un programa de Radio Clásica; Clásicos Populares era un programa de Radio Nacional de España con un espectro mucho más amplio de público del que nosotros tenemos. Un público quizá menos entendido en la materia pero dispuesto a empezar el juego. Nosotros combinamos melómanos de toda la vida con gente que acaba de aterrizar. Yo creo que lo que podemos hacer de estos maestros es tomar ejemplo, recordar lo que hicieron y en la medida de lo posible continuar su legado.

N. En tu caso, abordas los contenidos del programa desde una perspectiva diferente y además si a eso le sumamos las nuevas tecnologías hace que todo ese contenido sea más interactivo.

M. La diferencia entre ambos programas es que Sinfonía… gracias a las redes sociales el programa no lo hacemos solamente desde la radio, lo hacen también los oyentes. Y esto empezó muy pronto; en uno de los  primeros relatos cuando hablé del castrato Rauzzini el cual visita a  Haydn en Londres. Ya un oyente adjuntaba un grabado con un retrato del castrato en twitter. Tú hablas de un tema y los oyentes te aportan algo que no conocías: cuadros, fotografías, bibliografía, grabaciones. Y eso es maravilloso,  ver que sobre lo que tú estás compartiendo la gente conoce sobre ello también o se lanza a buscar información. Entonces el programa tiene una estructura abierta, a medida que los oyentes se van implicando surgen nuevas vías y yo  procuro, gracias a que tenemos un archivo que permite acceder enseguida a la música,  seguir el sendero que está surgiendo.

N. Comentabas hace un momento sobre tu trabajo en la revista Melómano. ¿Sigues escribiendo o has abandonado esa vertiente?

M. Yo en Melómano estuve 7 años como coordinador de redacción. Lo que más me gustaba eran los análisis de obras célebres del repertorio. Gracias a eso descubrí muchas y por supuesto anécdotas e historias que posteriormente utilicé en Sinfonía… Me encanta cuando me llaman a hacer notas a programas, es algo que hago con mucho gusto y placer para distintas orquestas de la geografía española. En lo que se refiere a la vertiente informativa y de actualidad me gusta más hacerla desde el micrófono que escribirla.

N. Hablando de entrevistas que has realizado tú a intérpretes actuales en la música ¿Qué sensación te deja estar con los intérpretes que están en primera línea?

M. Siempre es un placer; a mí sobre todo lo que me encanta es preguntarles qué les sugiere esa música, qué les lleva a interpretarla. Ahí es cuando mides el calibre y te das cuenta que ese intérprete, ha transpirado, ha hecho suya esa interpretación musical y te puede decir mil cosas del que la escribió. Aunque sean cosas que no están en los libros, ha tenido que sentir aquello, de otra manera no hay cómo de expresarlo. Entre los intérpretes que he podido entrevistar de grandísimo renombre está Vladimir Ashkenazy, también Philippe Jaroussky y las hermanas Labèque. A todos ellos los he entrevistado en el programa Estudio 206 junto a mi compañero Diego Requena. También he podido entrevistar, gracias al programa de la Zarzuela en su día, a grandísimos nombres no lo suficientemente recordados como se merecen en nuestro país como Ana María Iriarte, gran intérprete de las zarzuelas de Ataulfo Argenta.  Una de las entrevistas que realicé fue  al gran barítono Luis Sagi-Vela, cuando le faltaban cuatro días para cumplir 98 años. Hizo algo muy especial, dijo  que ya no cantaba pero se despidió  mientras yo hablaba interpretando el coro  de los pescadores de Madama Butterfly. Así acabo ese programa, fue su última presentación en público. Murió exactamente un año después.

N. Algunos oyentes consideran que se habla demasiado en Radio Clásica y que sólo se debería emitir música. ¿Qué opinas al respecto?

M. Es un debate sin fin porque Radio Clásica fue concebida como vehículo difusor de la música clásica. Pero por otro lado hay personas a las que les parece que esto es como una sala de conciertos, que debería ir uno a escuchar música y nada más. Pero eso no es del todo cierto, cuando vas a una sala de conciertos si vas acompañado previamente hablas con tu acompañante de lo que vas a escuchar o hablas quizás con los que tienes al lado. Ese ejercicio de escuchar música en silencio sólo se puede limitar a los discos. Pero no sucede así en un concierto, por lo tanto, un programa de radio también debe tener un poco de eso, de estudio preliminar de lo que se va a ofrecer. Ahora bien, yo también estoy de acuerdo con que haya programas que sean como piden estos oyentes, que sean programas escuetos, austeros donde digan: “ustedes van a escuchar la quinta sinfonía de Beethoven”. Y escuchen la quinta sinfonía de Beethoven. Eso puede coexistir perfectamente con un formato más divulgativo, didáctico y al alcance de un  espectro más amplio de público. Porque, ciertamente, quienes quieren escuchar solo música son una parte de la audiencia, no toda.

N.¿Cómo gestionas las voces  discordantes a la línea del programa?

M. En ocasiones, cuando llega un mensaje crítico yo quiero ponerlo de relieve y darlo a conocer. No para dejar en evidencia al que lo formula sino para comprobar que no todo lo que uno hace gusta a todo el mundo. Quiero tener en cuenta  las opiniones discordantes porque a lo mejor pueden tener razón y uno podría mejorar ciertos aspectos para gustar al mayor número de personas posibles. Los correos negativos se leen todos, menos aquellos que a lo mejor contienen descalificaciones personales, que por fortuna son muy escasos.  Lo que se pretende es que haya una polifonía de voces.

N. Utilizas músicas de las denominadas clásicas y de las otras, en una emisora de música clásica, lo cual genera cierta polémica. ¿Cuál es tu postura al respecto?

M. Si escuchamos una pieza de Glenn Miller de los años cuarenta ¿no tiene ya aroma clásico? Por otro lado, también en Radio Clásica hay programas dedicados al jazz, a las orquestas de baile, al fado, al flamenco y las músicas folclóricas. Por tanto si eso tiene cabida en Radio Clásica ¿porque no podemos nosotros centrarnos en ello? En alguna ocasión he dedicado el programa a la música del Trío los Panchos o también a canciones latinoamericanas. Hay determinadas canciones que al igual que la música clásica han pasado a formar parte del patrimonio colectivo de la humanidad. Estoy pensando por ejemplo en Alma llanera de Venezuela o Pájaro Chogüí de Argentina. Esa música llega a la gente.

N. En Radio Clásica te fue asignada la labor, hace ya tiempo, de la difusión del género de la Zarzuela. ¿Cómo ves su salud en el panorama musical actual?

M. La zarzuela, por desgracia, tiene un entusiasmo de hierro pero una constitución muy frágil. Es un género maravilloso que es mal percibido por muchos por varios motivos. Muchas de ellas han sido grabadas con muy buenas intenciones en épocas pasadas no siempre con las mejores orquestas e intérpretes ni los mejores equipos de grabación pero eso era lo que había en los años 50 y 60. Entonces, cuando se escucha esa grabación, el oyente siente rechazo porque parece algo vetusto con un sonido feo. En muchas ocasiones se han grabado zarzuelas sin respetar la orquestación original. Cuando uno va a una zarzuela en vivo, bien montada, en donde hay medios, una orquesta que ha podido ensayar, cantantes con un mínimo nivel y escenografía decente  entonces descubre lo maravillosa que es y que en muchos aspectos no tiene nada que envidiarle a algunas de las grandes óperas italianas. Yo creo que por el motivo que decimos mucha gente tiene prejuicios contra la zarzuela por considerarla vetusta incluso cursi. Pienso que carece de grabaciones suficientes, hay muchas grandes zarzuelas que más allá de su éxito no fueron grabadas jamás. Actualmente, en la crisis en la que estamos  hay muy poco apoyo público a la zarzuela. Eso se puede ver en que el Teatro de la Zarzuela tiene que recurrir a puestas en versión de concierto. Para mí es una verdadera lástima, creo que la matas si le quitas los diálogos. Por otro lado también es verdad que  hacer representaciones desde el ámbito privado es algo muy loable pero es un riesgo que no tiene la recompensa debida, motivo por el cual ha de hacerse desde unas condiciones modestas, llenas de ilusión que en ocasiones te descubre sorpresas pero que si eres muy amante de la zarzuela quizás no vas a disfrutarla como debieras.

Queremos agradecer al grupo de amigos de Sinfonía de la mañana por algunas de las  preguntas que han propuesto para la elaboración de esta entrevista.

Si queréis escuchar los relatos, los tenéis todos en este enlace https://inma.pacozone.com/wordpress/

Natalia Cabrera  Musicóloga

 

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Categories: Entrevistas, Natalia Cabrera, Revista La Tecla 88, Revista la Tecla 88 número 6

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